Cambiar a quien deba ser cambiado
Agricultura en Cuba. El discurso oficial nos habla como si fuéramos la República Saharaui del Caribe, donde producir cuatro vegetales fuera una proeza. El Minagri debería ser un facilitador, el guataca de los productores; pero se proyecta como si su función fuera controlar a los campesinos. Mientras se tenga más miedo a que el campesino se haga rico que a que no produzca, seguiremos en el mismo lugar.
Agricultura en Cuba.
El discurso oficial nos quiere crear un trauma con respecto a la producción. Nos habla como si fuéramos la República Saharaui del Caribe, donde para producir cuatro vegetales, dos frutas y dos granos, se necesita hacer toda una proeza digna de ser narrada con la épica de los antiguos griegos. Me imagino que el discurso oficial olvida que somos una isla grande, y aunque la salinización afecta, tenemos suelos fértiles, tierra sin usar, cosechas que se echaron a perder, campesinos que no quieren trabajar bajo el régimen de usufructo, profesionales de saberes agrícolas. Pero gracias al discurso oficial, cuando pienso en la agricultura me siento en el Sahara.
Está el tema del cerdo. Si nos guiamos por los ministros, criar un puerco es algo así como hacer un bonsái, donde solo los maestros de la paciencia pueden. De pronto, es como si el puerco fuera un animal que para criarlo hicieran falta condiciones especiales. He conocido gente que los ha criado en su casa, dándoles de comer el salcocho, pienso, palmiche, hasta sobras de comida de pescado. Con el pollo es igual: como si el pollo llevara algo especial, una técnica milenaria, por ejemplo. Espacio pequeño, luz, pienso, sobras, agua, tiempo, y ya está un pollo. Es como si el know-how de la agricultura y la ganadería fuera el de la industria de tecnología de punta, y es que el gobierno no puede encargarse de poner a funcionar (crear los marcos) para producir cuatro cultivos y la crianza de dos animales, y esa es su función. ¿El bloqueo? Lo que no se sabe es tratar con personas, de iguales.
El guajiro, el campesino, no es un subordinado, no tiene que gritar viva nada, no tiene que tener miedo de perder la tierra, de vender a este o a aquel. Así con cada productor primario de alimentos. Y es que los funcionarios de la agricultura se confunden con cuál es su labor. El Ministerio de la Agricultura (Minagri) debería ser un facilitador, siempre pendiente de qué problema resolverle a los campesinos; debería ser el guataca de los productores agrícolas. Pero el Ministerio de la Agricultura se proyecta como si su función fuera dirigir, aunque de las funciones de la dirección se concentra mucho más en controlar a los campesinos.
Por eso, cada pedazo de tierra cultivable que no se está usando tiene como máximo responsable la gestión gubernamental de la agricultura y la de los territorios específicos, porque ahí hubo un campesino que decidió no trabajar (o lo decidieron por él), y no se supo estimular y negociar que se quedara o que entraran nuevos productores. Mientras se tenga más miedo a que el campesino se haga rico que a que no produzca, seguiremos en el mismo lugar (también ellos, los que no pagan las consecuencias).
El gobierno es incapaz (me quedaré esta vez en ese Minagri) de articular las labores productivas que se remontan al propio surgimiento de la humanidad: la agricultura y la ganadería. ¿Cómo se le puede enseñar a un niño que el trabajo hace al hombre en un país donde sembrar y criar un pollo es una hazaña? ¿Con qué cara se le dice eso a un niño? ¿Cómo decirle que nuestros nativos practicaban la agricultura y les daba para alimentarse, mientras podemos producir apenas? (Menos mal que la educación es reproductiva y no fomenta el culto al pensamiento).
Creo que tanta incompetencia que decide el presente de muchos merece un stop. Un país no puede paralizarse para realizar la pulsión de poder de ninguna persona, menos de funcionarios que no rinden cuenta públicamente de su gestión. Comerse un vegetal no puede ser una victoria pírrica. El país necesita funcionarios competentes, que articulen políticas reales, que resuelvan problemas cambiando estructuras deformadas. ¿Cuántos años tienen que pasar para que se den cuenta de que el modelo de participación en la agricultura del Minagri no funciona? ¿Cuánto caos debe haber para que se deje de conservar el poder en pocas manos?
Contrarrevolución es atentar contra la supervivencia alimentaria de la nación, y eso es lo que hace todo aquel que lucra sin ética alguna con la escasez, como lo es también el que participa en la reproducción de dicha escasez. Empezando por los que tienen el poder para cambiar las prácticas que son causa de estas consecuencias, y no lo hacen; empezando por los criminales que contribuyen a que el productor se aleje de la producción. No, producir alimentos no es las doce tareas de Hércules. Hay que cambiar a quien deba ser cambiado.
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