De «armas melladas» basta ya
La frase del Che sobre no construir el socialismo con «las armas melladas del capitalismo» ha sido manipulada y sacada de contexto para satanizar el mercado, el consumo y el excedente. Pero los hechos son testarudos: el mercado aparece aunque se le ignore. Las verdaderas armas melladas son otras, y la peor es la mentalidad que impide entender la realidad.
Recuerdo que hace unos años, como parte del spot televisivo que promocionaba la Mesa Redonda, se mostraba el fragmento donde un académico cubano hacía alusión al Che cuando este decía que no se podía construir el socialismo con «las armas melladas del capitalismo». La expresión ya estuvo de moda antes, pero como todo lo que se hace de dominio masivo, está a expensas de que comience a ser manipulada. Desde ese entonces la he visto ser utilizada en debates en torno a las reformas económicas de manera reiterada. Puedo adelantar al lector que en una buena parte del uso que se le ha dado no ha sido más que un concepto mal interpretado, sacado de contexto y usado a antojo.
Por suerte eso no es nuevo. Ya hemos sido víctimas de la parcialización de ideas por parte de quien conoce un poco del pensamiento de los hombres del pasado. Un lector de La Joven Cuba me recordaba hace unos días que —como Lassalle conocía de memoria el Manifiesto Comunista— manipulaba a los obreros con las ideas que le interesaban de este. Es también otro ejemplo cuando muchos profesores de filosofía dicen que el hombre piensa como vive, obviando una parte de la idea: y vive como piensa (1).
El pobre Che ha sido muy manipulado también, como es lógico. Si bien dijo que no se debían usar las armas melladas del capitalismo, hablaba también del uso y el estudio de las técnicas de dirección y administración de la economía burguesa —porque eran muy avanzadas—. Sin embargo, esta parte es muchas veces olvidada.
Regresando al tema central: ¿qué son esas armas melladas que Che advertía? ¿Tenía razón con esa frase? Quizá haya que empezar por analizar cómo ha sido entendida esa idea por muchos, ya que puede asumirse que el Che dejó esa idea un poco en el aire, y a partir de ahí hacer el juicio.
Puede establecerse un origen condicionante (del uso de la expresión) en torno al debate de cómo debía articularse la economía cubana a inicios de la revolución, en donde se discutía si debía ser con más o menos mercado. Un extremo ortodoxo de este debate, el que se proponía —y todavía hoy se propone— negar y satanizar al mercado, se adueñó de esa idea después de que el Che la dijera y no estuviera para defenderse. De ahí en adelante se comenzaron a referir al mercado (y todo lo que este conlleva, como competencia, etc.) como algo malo porque era propio del capitalismo. Esta «arma mellada» estimulaba la ambición del hombre, el consumo, la búsqueda del excedente. Esto —se pensaba— nos conduciría sin dudas al capitalismo, por lo que debíamos usar otras armas.
Sobre eso, solo me gustaría afirmar —y no lo defenderé en este artículo— que nunca hemos salido del capitalismo. Quiero recordar que en los años 80 Fidel dijo que ya podíamos hacer el socialismo. Refrescando un poco la historia, no creo que desde ese punto inicial (los 80) hasta hoy hayamos avanzado mucho, pero ese es otro tema.
Con una sentencia dictada hacia el mercado —la negación de su uso—, los que lo defendían fueron acusados de perestroikos (claro, después de que la palabra se puso en boga); antes de eso eran cosas más ofensivas. Por si fuera poco, nuestro mito fundacional nos persigue, y negar eso del «arma mellada» (con el contenido que le atribuyen muchos) es ir en contra del pensamiento guevariano. Para ponerle la tapa al pomo, la derrota de la «apertura» soviética refuerza ese miedo dentro de los llamados comunistas convencidos de que hay que reforzar la guardia ante esas armas.
Tendríamos que plantearnos entonces: ¿tenía razón el Che con esa idea, asumiéndola de la manera que muchos le han atribuido? Por suerte, los héroes también son humanos, así que también se equivocan. Muchos defensores a ultranza del criterio en cuestión no conocen el pensamiento del Che y, mucho menos, las propias condiciones históricas concretas que lo llevaron a pensar así. Por otro lado, una buena parte de los que pueden hacer grandes disertaciones donde muestren que saben todo lo que dijo el Che se dedican —como el seguidor de un profeta— a defender a base de moralismos todo cuanto dijo. A lo mejor, si se imprimieran más los textos del Che, como dice mi colega Mario Valdés Navia, esas cosas no pasarían.
De todos modos, la lógica no debe ir sobre buscar hasta qué punto la significación atribuida a la idea de las armas melladas es la original del Che, o ver hasta qué punto es consecuente con su pensamiento ese contenido que se le atribuya, sino en ver si esas ideas que todos asumen —vengan de donde vengan— aportan algo en materia de proyecto social.
La parte buena de pensar en esto es que, como dijo Lenin, los hechos son testarudos (Lenin, pág. 123), y son ellos quienes tienen la última palabra —y por mucho que se ha querido negar—: el mercado aparece aunque se le ignore. Una reflexión seria nos llevaría a la objetividad de la presencia del mercado y todo lo que gira en torno a él. Si no se puede negar su existencia, no se le puede ignorar, por lo que hay que replantearse todo lo malo que se le achaca. Sobre eso hay que pensar.
La primera «arma mellada» en el imaginario de muchos revolucionarios es eso a lo que se le llama ambición, y se afirma que la incentiva el mercado. Sin embargo, eso no es más que la lucha del individuo por mejorar sus condiciones de vida. Si en nuestra sociedad alguien quiere poseer un televisor plano, no es un gen malo que se tiene, sino que nuestro contexto social lo está incluyendo como parte de esas condiciones de vida. Ese hombre no es ambicioso, ni está viciado ni mucho menos; simplemente es un resultado de las circunstancias que las asume conscientemente. Eso no es negativo ni daña al socialismo (el que está por construir).
Lo que sí es malo para el socialismo (el mencionado antes) es que nuestra sociedad reproduzca necesidades de consumo de cosas a las que como sociedad no se puede aspirar, porque nos hará irnos por encima de lo que podemos permitirnos, generando corrupción y otros males. En esos casos, esos hábitos, es decir, valores negativos, no son impuestos por el mercado, al menos por el uso del mercado en lo interno de la economía cubana, sino por el mercado capitalista mundial.
Nuestra tradición marxista —y lo afirmo con toda la responsabilidad que conlleva—, de manera general, no ha logrado fraguar una comprensión real del mercado, y la prueba más contundente de ello es el tabú que existe sobre él, que se puede apreciar al no saber diferenciar la definición de mercado de Samuelson y una a partir de la primera sección de El Capital (no hablo de los manuales soviéticos). Lo digo porque esa condena al uso del mercado que menciono la hacen sobre el mercado que define Samuelson, sin saberlo, y no sobre el de Marx.
Con la idea del «arma mellada» estamos condenando al hombre al esfuerzo profundo que siempre me recuerda al caballo de Animal Farm (Rebelión en la granja), que trabaja y trabaja sin esperar nada a cambio. Si espera algo a cambio, bienes de consumo y confort, se le considera ambicioso.
En el capitalismo se producen grandes volúmenes de mercancías, y el sistema necesita que todo eso sea consumido, y para ello usan el intercambio. La idea del socialismo es que tenga otra estructura productiva que no genere ese consumo que reproduce al capitalismo, pero sí uno donde el consumidor pueda elegir y sea gratificante el consumo. Ese consumo (en un sentido amplio que incluye hasta el arte) lleva consigo la mejora de la vida humana (máximo objetivo del socialismo).
También se ha difundido cierto temor al excedente empresarial como «arma mellada». Se defiende que, como parte de ese mercado y los «malos hábitos» que este genera, se causan luchas por el aumento del excedente que devienen en capitalismo. Pensar así es no entender nada. Hay que romper ese mito del excedente empresarial, porque este (ganancia) es el elemento que permite la reproducción ampliada de cada sistema. En el capitalismo se usa para hacer más ricos a los capitalistas; en un proyecto socialista debe generarse igual excedente (o más), solo que debe emplearse en función de un bienestar social, y eso puede traducirse, en un sentido de cada individuo, en crear las condiciones de que el consumo no sea en su eslabón último para el capitalista, sino para el bienestar (físico y mental) del hombre.
El mercado, les guste o no a muchos buckethead (en un sentido cariñoso), es el mecanismo de intercambio social. Este intercambio reproduce cualquier tipo de sociedad, y ante cualquier duda solo piense el lector: ¿por qué Marx se puso a estudiar economía política? No era para entrar en épicas batallas con el clan de los economistas ingleses, sino porque descubrió que el propio intercambio en la sociedad reproducía su estructura.
Entonces podemos comenzar a ver cuáles son las verdaderas armas melladas —más allá de lo que dijo Che—: una producción que necesita un consumo desenfrenado (2) y grandes volúmenes de ganancias que no van direccionadas a la mejoría de la sociedad.
Confieso que todo esto es más complejo, y su exposición llevaría un post de un tamaño que en muchos medios no es apropiado. Sin embargo, espero que hayan quedado claras algunas cosas. Ha sido mal utilizada la idea de las armas melladas. Se ha arremetido contra el mercado, el consumo y el excedente, entendiéndolos desde la significación que les da el capitalismo. Estos errores han sido usados como axiomas para condenar y juzgar la realidad, cayendo en utopías tan cercanas a aquellas que levantaba Owen al intentar construir sus granjas.
Escribo esto porque podrán algunos decirse muy socialistas y marxistas, pero el desconocimiento hace que sigan reproduciendo el sistema capitalista, porque, intentando salir de este a base de utopías como la de Owen, negando la objetividad y condiciones del mercado, solo logran comenzar un círculo de regreso al capitalismo.
Como este post es una crítica a la militancia ortodoxa (con o sin carnet): ¿alguno podría recordarme en qué texto de los Grundrisse en adelante Marx (no los manuales, aclaro) habla o deja alguna lógica de desaparecer el mercado (en su sentido, no el de los capitalistas), la realización individual y la generación de excedente para construir una sociedad mejor? ¿A partir de dónde comenzamos a negar el mercado?
El llamado sigue siendo a dejar de pensar que las sociedades se construyen por decreto o capricho, y a comprender las condiciones en que se da la realidad y lo que se puede hacer con ella, y eso lleva estudio, que es parte de ese compromiso que muchos dicen tener. En realidad no doy grandes razones teóricas aquí, pero acabar de entender cómo funciona la sociedad nos ayudará a buscar qué se quiere —a partir de lo que se puede hacer—.
El capitalismo usa el mercado para reproducir la sociedad que necesita para existir; mientras los proyectos socialistas no logren lo mismo, más allá del acierto teórico o no del Che en lo que designaba en su afirmación, se estarán enfrentando a esas armas melladas que interpretaron del capitalismo con otra que lo está mucho más: la mentalidad que impide entender la realidad desde formas más allá de lo que el capitalismo enseña. Eso es aún peor para el socialismo.
Notas y bibliografía
- Marx afirmó: «…las circunstancias hacen al hombre en la misma medida en que este hace a las circunstancias». Con esto se refiere a que el hombre (ser consciente) está determinado por sus circunstancias, pero que este ser consciente crea conscientemente sus circunstancias. Por tanto, ese pensamiento está determinado por estas, pero también conscientemente se va construyendo una vida.
- Asumo «desenfrenado» no a partir de una moral del consumo, sino en tanto sea perjudicial para el propio hombre en sus circunstancias.
- Lenin, Vladimir. El pacifismo inglés y el aborrecimiento inglés a la teoría. Obras escogidas, V. Moscú: Progreso, 1973.
- mercado
- Che Guevara
- marxismo
- economía