Casi nadie quiere jugar
Sobre la detención del artista Hamlet Lavastida. La ley se cumple solo cuando la fuerza está de su lado. Hamlet no puede tumbar al gobierno; no hay correlación entre su nivel de peligrosidad y el castigo. Alguien dio un manotazo, y este fue el resultado. Para los que otorgan los derechos, Hamlet ya tiene todos los que le tocan: es la versión al revés de una sociedad de oportunidades. Por eso casi nadie quiere jugar.
No voy a hablar de Derecho, ni de derechos. Para qué, si la ley se cumple solo cuando la fuerza está de su lado, y del mismo modo, los derechos se ejercen cuando hay una fuerza que vele por ello. Dentro de Cuba, ni las tecnologías del poder, ni la voluntad de los que ejercen el poder político están interesados en los derechos de Hamlet. Me quedan los hechos. Lo que importa ya lo sabemos: Hamlet es un peligro. Más bien, lo ven (los de la fuerza) como un peligro. En realidad, exagero. Hamlet no puede tumbar al gobierno. Mover a cuatro artistas, cuatro hippies, cuatro esnobistas, cuatro disidentes, algún bloguero aburrido como yo y dos o tres entusiastas, ¿algo más? El ejército de nuncahemoslevantadounapesa, porque solo es yomedefiendoposteandoenlasredes, no es (somos) una amenaza al gobierno. A lo más que llegaría una acción dirigida por Hamlet sería a una declaración de la UE, de la ONU… el resto del mundo tiene cosas más importantes que hacer que resolver los problemas de Cuba.
Un día en el Parlamento Europeo está bien, por empatía, lazos afectivos por debajo del tapete, pero eso no es en todos los tiempos. Vayan a su parlamento a quejarse, esfuércense ustedes, dirán algunos europeos. ¿Y si Hamlet era un superagente de cambio, que traía millones de dólares para pagar un ejército de personas que ya están más que obstinadas del socialismo asintomático que viven, y derrocar al gobierno? Bueno, ¿quién se quedó con los millones? Porque no creo que haya otra cosa seria que debatir sobre el tema. Y tampoco que lo hayan metido preso por unos minifondos para… ¿una exposición? ¿12 pullovers? En realidad, creo a alguien le molestó Hamlet. Mucha gente en Cuba, desde dentro y fuera de la oposición, causan más problemas que Hamlet. No estoy dando ideas a los órganos de la seguridad del estado, estoy estableciendo la clara correlación entre el nivel de peligrosidad o listado de actividades subversivas y el castigo, y no hay correlación. Lo siento por Hamlet, pero él no es un peligro. Es un ciudadano, y un artista (que eso no es una condición especial de ciudadanía, pero es parte de su identidad y hay que decirlo).
Alguien dio un manotazo con Hamlet, y este fue el resultado. ¿Las causas? Vaya usted a saber, si fue un sorteo, un a cara o cruz, una vieja molestia, o si el teniente coronel que debía decidir dejó que su esposa decidiera. O tal vez vino de más arriba, o de más abajo, entonces ante la metedura de pata, a cerrar filas, qué más da. Si un mando medio se caga, todos le cubren las espaldas. Disciplina partidista y traumas similares. Es cultural. La unidad de un equipo de pelota migró a la vida política, de estado, y de su seguridad (en minúsculas).
Queda lo más triste de los hechos. Una parte de la ciudadanía cubana no usa internet. La mitad (poco más, poco menos) que lo usa, tampoco está toda metida en temas de política. En resumen, el caso de Hamlet está, como muchas veces, orbitando en una burbuja. Y no todos los que lo saben saldrán a defenderlo. Tal vez es hora de decir que para los que otorgan los derechos (los de la fuerza que mencioné) ya Hamlet tiene todos los derechos que le tocan. No le sacarán ninguna uña, no le aplicarán corriente, no lo llevarán a una cantera, a un BRAC actualizado. Recibió mini visitas, se le informó a su familia, y hasta podrá contar con un juicio (con abogado y todo). Medios requeteoficiales informaron lo que tenían que decir. ¿Qué más derecho quiere Hamlet?, he visto decir a entusiastas revolucionarios en las redes.
Los revolucionarios siguen viviendo en guerra, y son los que están del lado de la fuerza. En su mente, hay una ley y la van a hacer cumplir. Mientras tanto, la señal es clara: solo un grupo puede hacer la ley, interpretarla a su modo y hacerla valer a su modo. Cuando eso ocurre para caer sobre un ciudadano, es el pobre Estado defendiéndose. ¿El estado, en serio? No quiero volver con lo mismo. Obvio que no nos toca a todos lo de Hamlet, de hecho, le toca a unos pocos, tanto que es imperceptible estadísticamente. Es como la versión idílica de una sociedad de oportunidades donde cualquiera puede ser el gran ganador, pero al revés. Por eso casi nadie quiere jugar, a diferencia de Hamlet.
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