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El anticomunismo interno

El anticomunismo ha causado estragos a la militancia, pero la destrucción también viene desde adentro. Explicar la caída de organizaciones solo por ataques externos, al estilo de la mecánica clásica, olvida la dialéctica: el enemigo lo que hace es aprovechar las contradicciones internas. Anticomunista es también quien las crea o las acentúa dentro de la militancia.

Por Miguel Alejandro Hayes · 10 de febrero de 2019 · 3 min de lectura

Publicado en La Trinchera

Marxismo y teoría2019
MAH

El anticomunismo ha causado grandes estragos a la militancia y ha llegado a incidir fuertemente en el devenir del movimiento comunista. Sin embargo, la destrucción también puede venir desde adentro.

La cuestión de la hecatombe de las organizaciones suele pensarse al estilo de la mecánica clásica. Para esta —y es sabido por todos—, los cuerpos mantienen su reposo o movimiento recto uniforme hasta que actúen fuerzas sobre él. Así, se establece la regla general donde A determina a B, quedando siempre el fenómeno del objeto en cuestión entendido desde una acción externa.

De la misma manera se interpretan muchos procesos sociales. Por ejemplo, el destacado marxista Ernest Mandel afirmaba que la militarización constante a la que era obligada la URSS por la competencia con EUA la llevó al declive.

Se analizan igualmente la destrucción de naciones, la desarticulación de movimientos de liberación nacional —como lo ocurrido con algunos fracasos en África y América Latina— y la de organizaciones emblemáticas como los Panteras Negras por el COINTELPRO, por solo citar. Los partidos comunistas han sido de los que más han sufrido esos shocks externos.

Sin negar la objetividad y veracidad de conspiraciones y ataques, quedarse en el esquema extrapolado de la mecánica clásica y explicar el objeto siempre desde algo externo olvida que el estudio de la sociedad no debe hacerse exportando de las ciencias naturales y exactas esquemas de análisis.

Más cercana de reflejar la realidad en sus múltiples determinaciones está la dialéctica. Y como marxista, de ser consecuente, debería preferirse esa dialéctica que se grita a los cuatro vientos a un positivismo decimonónico. Sobre todo, porque es necesario reflejar las contradicciones propias de un sistema.

Decía Hegel, hombre que Marx homenajeó al escribir El Capital, que no existe nada entre el cielo y la tierra que no contenga el ser y la nada. Esto es, que todo lo que existe y que pueda ser objeto de nuestro pensamiento tiene dentro de sí las tendencias contrarias para explicar su movimiento.

Así queda a los ojos de un revolucionario, al reflexionar sobre las derrotas, que cualquier sistema en su progreso puede llevar a un extremo sus contradicciones, y destruirse. No se trata de renunciar a lo externo, sino de saber qué es lo que realmente ese ataque exterior hace.

Lo que puede ser que, si bien los Panteras Negras sufrieron por el FBI, este lo que hizo fue aprovecharse de sus debilidades, como la rivalidad de sus máximas figuras y que se corrompieran algunas de estas. Lo mismo pudo ocurrir con el Che en el Congo, que si bien el enemigo era fuerte, las contradicciones internas de los militares congoleños eran insostenibles.

Igual, cuando se asesina a un líder, las fuerzas reaccionarias se aprovechan de la escasa generación de nuevos líderes.

Eso muestra que el enemigo lo que ha hecho siempre es reforzar o atacar en las contradicciones internas de lo que quiere destruir. Su influencia no se puede negar, pero el éxito de sus ataques ha sido por identificar correctamente las fracturas. Si ellos lo hacen, también nosotros podemos.

De ahí que la preservación de lo que queremos que sobreviva vaya entonces en blindar o conocer las tendencias y relaciones destructivas en su interior, para evitar que le saquen partido a estas quienes no quieren su bien. Después de todo, ahí está la verdadera causa primaria de la decadencia.

Siendo consecuentes con esa lógica, el anticomunista resulta que es aquel que en su actuar puede destruir el movimiento comunista a partir de acentuar o reforzar sus contradicciones. Y como estas siempre comienzan desde adentro, también es responsable quien les da origen a lo interno de la militancia. Tanta culpa tiene quien las acelera como quien las crea. Ambos grupos, sin distinción, pueden considerarse anticomunistas.

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