El marxismo en Cuba
Cuba es casi el último pilar donde se estudia el marxismo de forma regular en la educación superior. Pero ¿cómo se enseña? En filosofía no se aborda la dialéctica como método; en economía política se llega sin la lógica de Hegel; en teoría sociopolítica falta la teoría del estado. Sin articulación entre las tres, no se enseña marxismo: hacerlo mal es lo mismo que no hacerlo.
El marxismo, sin dudas, ha sido defendido como la ciencia que ha de acompañar a los más desposeídos en su camino hacia la liberación. El propio Marx, era justo esto lo que buscaba; por eso intentó dejar una obra en la que los obreros pudieran entender su realidad y, sobre la base de esta, cambiarla. Durante la existencia del llamado campo socialista, se propagó por una buena parte del mundo el marxismo (aunque fuera la línea soviética). Parecía ser el sueño que habían deseado muchos revolucionarios.
Sin embargo, tras el derrumbe del socialismo, las cosas comenzaron a cambiar y fue desechado radicalmente por ese mundo que había cambiado de signo político. Fueron quedando pocos espacios institucionales donde se estudiara y defendiera aquella ciencia que parecía haber fracasado en la construcción de su proyecto social (el socialismo). Sin embargo, muchos profesionales y estudiantes reclaman el aprendizaje del marxismo. Se alzaron algunas voces que, a su forma, continuarían una línea «marxista». Entre ellas, destacan China y Cuba. En la primera, en los últimos años se ha venido reduciendo el espacio en término de horas/clase para el marxismo, quedando este como materia básicamente de formación ideológica. Cuba, por su parte, casi como el último pilar, cuenta con planes de estudio para su educación superior que abren paso a la enseñanza del marxismo. Esto hace que numerosos profesionales, sobre todo en las ciencias sociales, tengan un proceso de formación que versa sobre esa disciplina. ¿Hasta qué punto esto pudiera considerarse un mero formalismo?
Para responder, existe una pregunta auxiliar que sirve de punto de partida en esta exposición: ¿cómo se enseña el marxismo en Cuba? En la búsqueda de la respuesta se debe ver primero lo más general, lo que está determinando en última instancia (en el sentido marxista) (1). Lo que dice en última instancia cómo se enseña el marxismo en Cuba es cómo está llegando a los jóvenes de forma regular, es decir, a través de las clases que se imparten en los centros de educación estatales. Por eso, hay que ir a cómo se enseña en nuestros centros de educación.
La educación superior, que es sobre la que recae el peso de transmitir el pensamiento de Marx, pudiera estar presentando deficiencias en el proceso. En ella, este llega a través de 3 asignaturas diferentes: la economía política, la filosofía y la teoría sociopolítica. Cada una se descompone en uno o varios semestres dependiendo de la carrera. No se trata de herir sentimientos, pero para resolver un problema lo primero debe ser identificado con sus causas, y para esto no se puede andar con tapujos. Hay que ver si existe una articulación entre las asignaturas como partes de un todo.
En filosofía no se aborda lo que es la dialéctica en sí, la teoría en sí. Se enuncian las 3 supuestas leyes de la filosofía marxista (2), pero no cómo utilizar la lógica dialéctica como método de análisis. Tal es así, que de seguro muchos que lean esto tendrán solo la idea de dialéctica como movimiento, como entender que todo está en constante cambio. En filosofía ya es una tautología decir que el mundo está en movimiento. Lo cierto es que esa idea no aporta mucho al ejercicio del pensar en nuestros tiempos, no forma un verdadero instrumento de análisis. No es culpa de los profesores; en realidad, está recogido en los manuales (que aún contienen los dogmas soviéticos) por los que se enseña.
La economía política es un caso muy similar. Es de más peso y tomaría más tiempo abordarlo, pero se puede sintetizar. Ya a esta se llega sin la base de lógica (la dialéctica, la de Hegel que asume Marx) para entender la dinámica del capital y de El Capital. La forma en que Marx expone el volumen primero es la que utiliza Hegel en su texto La ciencia de la lógica (3). Sin esto, las categorías mercancía, valor y capital tienden a quedar desconectadas en un sistema de pensamiento del estudiante (no se logra una aprehensión real del conocimiento). Además de estas, elementos como la ganancia (ganancia, ganancia media y cuota media de ganancia) y la teoría de la tierra quedan fuera de los programas de la asignatura por falta de tiempo. Conocimientos estos que son básicos para entender el mundo y, sobre todo, problemas concretos de la Cuba de hoy.
Por último se aprende teoría sociopolítica. Esta a veces resulta más atractiva. En ella se hace un poco de historia sobre los sistemas políticos. Se hacen muchos debates sobre el acontecer actual. Con ella no se logra un entendimiento del movimiento social a partir de haber asumido la teoría de la reproducción de clases. Sin esto, la comprensión de la lucha política pasa a depender de muchas especulaciones y verdades religiosas. Además, se deja de analizar la teoría del estado y el derecho de Marx como crítica a la teoría de Hegel, y que son la base para entender nuestro debate con el exterior sobre la existencia o no de la sociedad civil en Cuba (algunos ya conocemos los errores políticos en los que se incurre al desconocer esto).
Como ya mencioné, no hay articulación. En filosofía se debe ilustrar la lógica del marxismo, cómo aplicarla a la ciencia social, cómo hacer de ella una herramienta de análisis. En la economía política debe aplicarse esto para entender la base de la sociedad, su modo de producción de realidad. Para, por último, entender cómo las formas específicas del modo de producción, la organización social de la producción (en el sentido de Marx) (4), se relacionan con elementos superestructurales como los diferentes tipos de estructuras política y jurídica, con la teoría sociopolítica. Más o menos así debería cerrarse el ciclo del aprendizaje del marxismo. Si falta esto, no se logra un encadenamiento que termine por formar de manera general una visión que conciba la unidad material del mundo, una concepción verdaderamente marxista (siempre con sus limitaciones, claro).
Visto de esta forma, me atrevo a concluir que no se enseña marxismo, entendiendo que hacerlo mal es lo mismo que no hacerlo, ya que solo es verdadero lo que se realiza como lo que es (noción de Hegel de verdadero). No digo que esta sea lo absoluto del fenómeno, pero sí una generalidad. La prueba de lo dicho está en el producto, en el resultado: la mayoría de los jóvenes no utiliza como herramienta de análisis al marxismo, sino ese arsenal positivista de matemáticas, estadísticas y econometría. Quizá esto permita trazar una línea de cómo va el futuro del marxismo en Cuba.
Se debería reflexionar más sobre esto e intentar cambiarlo. Los primeros pasos para encontrar algunas soluciones están a la mano. Los turnos de clases de estas asignaturas, por cómo están dispuestos, parecen estar puestos ahí por un compromiso político y no por el convencimiento real y conocimiento de su importancia científica. No puede ser que sean turnos de «reflexión y debate» que el estudiante agradece porque adquiere un poco de la cultura que no le llega por otras vías. El marxismo es ciencia, eso es lo que debe expandirse en los espacios asignados para su enseñanza. Tiene que dejar de ser un escudo de dogmas ideológicos. Hay que enseñarlo cuando toca y asumirlo. Cuba, como ese lugar añorado donde se estudia de forma regular el marxismo, debe llevar bien en alto el compromiso que esto representa: preparar correctamente su enseñanza. Eso es lo que se espera de un país que puede darse con el canto en el pecho de llamarse marxista.
Notas y bibliografía
- En la tradición marxista, la construcción «última instancia» adquiere otra connotación, diferente a la popularmente aceptada. Según Engels, el elemento de última instancia es el de más importancia, el de mayor peso, el factor que más influencia tiene y que termina por imponerse.
- Digo que son supuestas leyes ya que estas no fueron enunciadas por Marx, sino por Engels y recogidas en los manuales soviéticos. Muchas corrientes marxistas no las reconocen como tales, sobre todo la 3.ª ley.
- Lenin afirmó: «Es imposible comprender plenamente El Capital de Marx… si no se ha estudiado y comprendido la entera lógica de Hegel». (Lenin, Cuadernos filosóficos, pág. 99.)
- Para Marx, producción tiene la misma significación que para la filosofía clásica alemana. Con ello se refiere no a la producción en la fábrica, sino a la producción de la realidad, es decir, a toda la actividad del hombre.
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