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El mercado y el socialismo

El manual soviético nos legó el tabú de que mercado igual a capitalismo, y que basta abolir la propiedad privada para acabar con él. Pero el mercado —mecanismo de asignación de recursos— nunca dejó de existir en el socialismo, incluso entre empresas estatales. Como enseñó Lefebvre, la economía capitalista estafó a la marxista con falsos dilemas.

Por Miguel Alejandro Hayes · 16 de octubre de 2018 · 5 min de lectura

Publicado en Rebelión

Marxismo y teoría2018
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Decía el marxista y estudioso de la dialéctica francés Henri Lefebvre que la economía capitalista había estafado bastante a la marxista. Con ello señalaba cómo los teóricos del marxismo caían en las trampas y provocaciones de los ideólogos del capitalismo, donde estos creaban falsos dilemas como mercado-planificación, a los que se respondía —del lado de acá— en ocasiones con utopías.

De esa forma proliferaron mitos sobre la enajenación, la individualidad, la propiedad privada y el mercado.

Pero, como es sabido, Marx, a diferencia de otros, dedicó su vida a combatir la utopía y la falta de apego a la realidad. Comprendía el daño que provocaba todo eso a la lucha revolucionaria. Por esa razón escribió numerosas críticas a contemporáneos y grandes revolucionarios como Proudhon, Bakunin, Weitling y hasta el noble Owen. Como marxista, sigo esa línea. Y de todos los mitos, me referiré al mercado.

Este es ese tabú que nos legó el manual soviético, sostén teórico —sin ser percibido— del imaginario revolucionario hasta hoy. Para tal doctrina, la cosa es muy simple: el mercado es el mecanismo a través del cual se reproduce el capitalismo, y es causado por la propiedad privada. De ahí que se pensara que la propiedad privada terminaría siempre generando capitalismo. Por lo que, en la lucha contra este, lo mejor era eliminar la propiedad privada y así cortar su mecanismo de reproducción.

En todo ello iba implícita otra conclusión que sobrevive hasta hoy: propiedad privada igual a mercado. Ese pensamiento es el que nos ha hecho esos interminables debates donde creemos que el mercado es algo característico de la propiedad privada, y en lo no privado no existe el mercado.

Fue tan fuerte esa mentalidad que llevó a la tentativa de eliminar la categoría mercancía del sistema empresarial cubano en los 60, y que en el seno de este no era necesario el mercado. A tal punto esto, que una rama como el derecho mercantil resultó ser superflua en la formación de profesionales.

Pero ese fue el engaño que nos jugó la economía capitalista. Cuando lo cierto es que el mercado, en buena ley, es el mecanismo de asignación de recursos, donde las partes que participan en el cambio dan y reciben algo en aras de satisfacer sus necesidades, siempre con ajuste a cierta conveniencia e intereses, o ya sea por coerción en algunos casos. Así que la economía capitalista hace eso, y nosotros los socialistas, ¿qué?

No faltaron —ni faltan aún— quienes, negando ese mecanismo, terminaron explicando el intercambio con criterios de moral. Todo debía depender de esta, del compromiso y cosas así que la ética como disciplina se dedica a estudiar. Entonces ese movimiento mercantil que es el intercambio en sociedad, vía de la satisfacción de las necesidades del hombre, hizo de su razón de ser la política y una —si es que puede llamarse así— ideología. Después de todo, sin propiedad privada —se pensó— no había mercado.

¿Pero qué estábamos haciendo en realidad? Los hechos mostraban la respuesta. ¿No era mercado aquellas normas de asignación que usábamos en los períodos en los que se pensaba que este no existía? Lo cierto es que sí, pero nos engañábamos pensando que no. Usábamos una forma de intercambio donde dos partes daban y recibían, y alrededor de ello había cierto contrato social (con o sin coerción).

Nunca dejó de existir la relación de mercado en la vinculación entre los hombres en sociedad socialista, y esa asignación normada de recursos era parte de él. Ha costado mucha historia entender esto, e incluso será natural que otros no puedan aceptarlo por supuestas posturas ideológicas.

Ya una parte de la academia dio ese tan necesario salto. Casi que es trivial dentro de esta el hecho de que en socialismo no se puede negar la presencia y la necesidad de las relaciones monetario-mercantiles. Así se enseña la asignatura de Economía Política del Socialismo en muchas aulas universitarias —me consta—, donde se estudia que, dentro de esa propiedad estatal (no privada), existen entre sus diferentes niveles y a lo interno de estos —es decir, entre estas mismas empresas, sus trabajadores y organismos superiores— contradicciones de intereses producto de su posición real respecto a los medios de producción, que condicionan la existencia de relaciones monetario-mercantiles entre ellas.

Entonces, no se trata de que el mercado va de la mano de lo privado, sino que ocurre entre esa propiedad estatal también. Lo que desmiente que mercado igual a capitalismo. Así funcionan nuestras empresas estatales: entre ellas (contratos, compraventas, convenios, etc.) y dentro de ellas (salarios, estímulos, etc.), todo a través de relaciones monetario-mercantiles. No han dejado de estar ahí.

Pero ya que todo esto va del socialismo, y no precisamente del mercado, creo que lo mejor es dejar claro de qué estamos hablando. Por eso me remito a los clásicos y, aunque tengo la certeza de que Marx no teorizó sobre el socialismo, Lenin sí lo hizo. Este, en una conceptualización, dijo que se caracterizaba por usar las fuerzas capitalistas en función de la sociedad. Las demás coletillas que se le han puesto al socialismo, como si fuese un estado superior de la moral, son cosa aparte.

Usar ese capitalismo implica usar también el mercado; después de todo, las sociedades nuevas se comienzan a construir no con lo que uno quiere, sino con lo que hereda de la anterior. No comprender esto no solo representó una derrota teórica al marxismo de antaño, sino también política, y que nosotros no podemos repetir.

Es cierto que el capitalismo tiene ideología de mercado. Pero ¿quién dijo que la del socialismo es la de no-mercado? ¿O que es la abolición de este lo que condiciona el socialismo? Engels, en Principios del comunismo, habla sobre cómo en esa hipotética sociedad en cuestión, por su abundancia, desaparecerían las relaciones mercantiles; no que la desaparición de estas lleve al comunismo.

De todos modos, sobre la cuestión de las relaciones mercantiles y cuándo desaparecerán, está claro en El Capital que el mercado se genera por la envoltura social que deviene de la división del trabajo, fenómeno indetenible y ascendente. Ser conscientes de ello nos ayudará a no caer nuevamente en la utopía, que después de todo le es orgánica al capitalismo. Enfoquemos bien el problema, para que el no ver la solución no se convierta en delirio. Seamos dialécticos, no utópicos, para que no nos sigan estafando.

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