Las razones del primero de mayo
El primero de mayo nació para detener el proceso productivo y dañar al capitalista con la jornada perdida. En Cuba, sin patrón a quien afectar, ¿por qué marchamos, dejando de trabajar y con carácter festivo? Que se vea tal y como es: una tradición de los trabajadores a la que se suma quien quiera.
En estos días me viene a la mente una de las consignas más conocidas del movimiento obrero: «Proletarios… ¡uníos!». En el contexto de la cercanía del primero de mayo, advierto en esta unas cosas incoherentes. ¿Será el esfuerzo movilizativo en nombre de la unidad para esta fecha improductivo?
No han faltado las jergas, consignas y mecanismos tradicionales que incitan a la participación en tal desfile. Se ha hablado incluso de cifras que rondan los 6 millones de cubanos en las plazas de todo el país. Si a la población cubana se le quitan los ancianos de la tercera edad, los niños pequeños, los presos, los trabajadores de esos sectores que ese día tienen que permanecer en el puesto de trabajo, ¡casi habrá más cubanos en la plaza de los que somos! Suponiendo que el pronóstico ese fuese cierto, ¿de qué servirá?
Mirando en los orígenes de tal tradición se podría encontrar algo. Sin necesidad de contar la historia (que de seguro el lector conoce o encontrará en otras páginas), solo recuerdo que todo surgió para luchar por los derechos laborales y contra las represiones de la explotación capitalista. Todavía hoy muchos trabajadores en el mundo tienen reclamos por sus derechos, lo que hace que no falte ese día la protesta reivindicadora. ¿Pero qué sentido tiene una huelga, protesta, paro o manifestación obrera?
Pudiera pensarse que se levantan, gritan, asustan a los capitalistas y estos ceden ante los reclamos. No dudo que a veces funcione, pero existen protestas pacíficas, así que la cosa no va por ahí. Lo cierto es que más allá del acto verbal de gritar consignas y ofensas, hay otra racionalidad detrás: detener el proceso productivo. Si la esencia estuviera en intimidar, se pudiera hacer después de la jornada laboral. Sin embargo, las manifestaciones no son después del trabajo. Lo que más daña al capitalista no es el susto, sino las pérdidas que representan esos días sin trabajar: cada momento de la jornada laboral vacía es menos ganancia. Si alguien tiene duda: imagínese a sí mismo dueño de un negocio y que los trabajadores no vayan a cumplir su papel.
En Cuba, ¿qué función juega el primero de mayo? Según he visto en la televisión, el de este es demostrar el compromiso y la unidad. Por consenso social, no se vive en Cuba en explotación, por lo que no se desfila exigiendo derechos laborales, y se afirma ser este día «la fiesta de los trabajadores». Si es la fiesta de los trabajadores, ¿por qué no se plantea como simple jornada de descanso y ocio para estos? Si no hay un patrón al que dañarle sus riquezas a través de la afectación de la jornada laboral, ¿por qué marchamos? ¿Es por el compromiso y la unidad? ¿Así se demuestra el compromiso de la unidad, dejando de trabajar? Es decir, el día de la fiesta de los trabajadores, ¿demostramos lo revolucionarios que somos dejando de trabajar y con carácter festivo?
Recuerdo que cada primero de mayo implica un esfuerzo movilizativo que necesita lujos a lo interno de la economía —de la misma economía que no está muy saludable—. Para estos se utilizan reservas de petróleo, sobre todo transporte y otros recursos, de manera significativa. ¿Alguien sabe lo que cuesta un primero de mayo? ¿Qué es lo que hacemos realmente ese día?
No digo que no sea divertido, porque habrá muchos como yo que desde el día antes disfrutamos la compañía y la algarabía de jóvenes reunidos, pero no todos tienen que hacerlo así. Como no hay que protestar, si fuera fiesta, lo normal sería que cada cual lo celebre como desee. Si fuera por defender el proyecto socialista y mostrar al mundo los milagros de la Revolución, lo lógico sería una larga jornada productiva que tanto hace falta. Pero eso no es nada de lo que hacemos: al estrago que se le causa a la economía le ponemos unas caretas y etiquetas que no le corresponden.
Me gustaría que se viera tal y como es: una tradición de los trabajadores a la cual se suma quien quiera, quien, como yo, se sienta bien de participar ahí. Para celebrar y, sobre todo, para defender la Revolución, no hay que ir a una marcha.
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