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No hay más tela

Sobre la huelga de hambre del Movimiento San Isidro por la liberación de Denis Solís. Nada justifica las ofensas de Solís al oficial, y hacer bandera de una prisión injusta cuando el problema real es el debido proceso aleja de la justicia; pero la Seguridad del Estado queda también en un dilema ético al impedir la protesta. Lo más importante son las vidas: no hay más tela.

Por Miguel Alejandro Hayes · 22 de noviembre de 2020 · 5 min de lectura

Publicado en La Trinchera · archivo

Política2020
MAH

Marketing político y una respuesta torpe. Victoria para el que jugó con piezas blancas. Denis Solís fue arrestado y condenado por un desacato que se puede ver en un video. Aunque llama la atención que en algunas publicaciones, como Diario de Cuba, se editó para quitar parte de los comentarios y edulcorar a Solís. Quizá, con una marcada intención comunicativa: hay un ciudadano acosado por la policía, y le responde, para luego, como algo colateral, alterarse un poco. Al parecer, el policía entró sin permiso, o eso parece si se parte de la filmación. El porqué de la presencia del oficial es algo que, al menos yo, no conozco. Si estaba cometiendo alguna violación en contra del ciudadano, con denunciar bastaba. En cualquier caso, nada justifica el conjunto de ofensas de Solís al oficial. Eso que le dijo, en Cuba, es delito; y en la esquina de mi casa, dirigido a cualquiera, es una pelea segura. Pero medios no oficiales difunden la causa de Solís obviando el nivel alto de las ofensas que emplea aquel. Destaca que esta vez no era aquello de guardia rural (¿guardia de la zona rural?), comentario ambiguo, sino algo bien directo y sin espacios a interpretación. También hubo palabras homofóbicas por parte del integrante del Movimiento San Isidro (MSI), por cierto. Por último, se hizo silencio ante declaraciones anexionistas, repetidas, donde Solís decía que Trump era su presidente. Eso no es ilegal, pero de seguro resta mucha empatía. Es decir, afecta el marketing político.

Para el jurista cubano Eloy Viera Cañive, parece claro que hubo un delito de desacato, que justifica, incluso, por sus condiciones, el apurado juicio. Según explica, las irregularidades radican en el cumplimiento estricto del debido proceso. Cuestiones que forman más parte de los conocimientos de expertos del área penal y procesal, que de la cultura jurídica de los ciudadanos. Lo que no deslegitima el reclamo de un debido proceso.

¿Y qué reclama San Isidro? Desde sus publicaciones piden la libertad para su compañero del movimiento y el cierre de las tiendas en MLC (aspecto que, como economista, considero que es más complejo que gritar cuatro consignas y que no debe moverse en un plano tan superficial). Han llegado al punto de que algunos de sus miembros se declaren en huelga de hambre, y otros de hambre y sed. ¿Por qué hacer una huelga de hambre por liberar a una persona que sabemos que es culpable? De seguro, es mejor marketing hablar de una prisión injusta que de violación al debido proceso. Ahí empiezan las fallas y las violaciones éticas del MSI. Ellos apuestan por defender una mentira como bandera, como arma para su causa. Una causa defendida con métodos injustos se aleja de ser justa. Si hoy el MSI miente de ese modo para lograr su objetivo, ¿con qué mentirá y manipulará mañana? Yo no puedo confiar en que personas que luchan como ellos representen algo positivo para Cuba, para los cubanos. ¿Qué puedo esperar? Sus fines están justificando sus medios. ¿Algo justifica sus fines? Es cierto que el país necesita cambios, eso lo saben hasta los que viven bien de que no los haya. Pero hacerlo así, al precio del engaño, no.

Por otro lado, tenemos a la Seguridad del Estado (SE). Esa que impide que el MSI proteste en las calles ahora mismo. Una vez más, la SE queda en un dilema ético del que no puede escapar. San Isidro en las calles sería generar un sistema de noticias que, en buena medida, pueden ser falsas. Los objetivos parecen ser claros. Movilizar a la opinión pública internacional (básicamente, la única estrategia de la oposición tradicional). Ellos ocasionan que cuatro gatos generen un escándalo internacional. Algo que, haciendo honor a la verdad, es difundir mentiras. La SE apuesta por no dejarlos salir de su sede. A un estado desarmado ante el escándalo internacional a cualquier precio, solo le queda impedir que salgan de dónde están los que lo harán. Se comete una violación legal para evitar que un engaño cause un mal mayor. Esa es la realidad. Otro fin, ¿justificado? Los impactos de una campaña para liberar a un culpable, solo generarán más sanciones al gobierno, por ende, a la ciudadanía.

¿A quién culpar, al que inicia, o al que reacciona? ¿Tiene la ciudadanía que apoyar el derecho a mentir, a manipular? ¿No sería eso ya un delito? ¿No es legítimo cuidar al Estado de más posibles sanciones? ¿Habrá que tomar partido? Hacer una huelga de hambre para defender a un culpable es algo indigno. Parece una perreta, incluso, un acto de irresponsabilidad. ¿Cómo sería un país gobernado por gente que defiende a su camarilla a toda costa? Mire usted, casi tengo un déjà vu.

Creo que solo hay que abogar porque no se dañe la vida humana. No se debe liberar a un culpable por un chantaje. Una huelga de hambre es algo admirable, pero lo que defiende esta huelga, no. Aun así, la vida humana es el centro. Ahora mismo, lo que hace falta es todo el esfuerzo para que se abandone esa huelga. En cambio, tampoco se puede obligar a hacerlo. Lo que ocurre, es que el MSI es, ahora mismo, como ese prófugo al borde del puente que no le da la mano al rescatista. No es el bueno, así que solo le queda convertirse en la víctima.

Da pena todo esto, y cómo lo hemos asumido. Una prensa oficial que calla, y una prensa independiente que omite todo cuanto le conviene. Una manada de gente que odia al gobierno, y se engancha de cualquier cosa para tirar del hilo. Este país necesita espacios civiles de diálogo, lo sabemos todos, pero el MSI tiene una guerra con el estado cubano, y son consecuentes con que todo vale. Por eso llegamos hasta este punto. Volvamos atrás: lo más importante son las vidas, no hay más tela. Este circo sin pan no da para más.

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