Nuevas formas de protestar
Tras las quejas por los precios de Coppelia o los bonos de ETECSA, se siembra en el imaginario cubano la idea de que un reclamo colectivo puede lograr algo. Pero las quejas no han sido en las calles ni en un cartismo caribeño: el escenario nuevo es Internet. Lo importante de una protesta no es el espacio físico, sino el intersubjetivo; las esencias adoptan nuevas formas.
Supe que alrededor de un mes subieron los precios de los helados en Coppelia, bajo el pretexto de que ahí se comenzaría a comercializar la marca del mismo nombre. Luego —según me contaron— los bajaron nuevamente al monto en el que el subsidio los había mantenido siempre.
En los mismos días se dio el caso de la prolongación del tiempo de los populares bonos de ETECSA —ya que el tiempo de su oferta duraba muy poco—, y todo por la queja de numerosos usuarios. Pero poco importa en estas líneas si alguna vez ocurrió el subir o bajar lo monetario y la prolongación de una oferta, o si son solo una ilusión producto de esos mundos paralelos —o a veces subreales— que crean los medios.
Mejor hacer otra lectura.
En ocasiones, lo que tiene valor para la subjetividad social es lo que está en ella, y no es tanto una cuestión de correspondencia o no con el mundo existente. Así, de mucho no sirvió saber que el mundo era esférico, si ya se había hecho y pensado demasiado basado en la lógica de la redondez, y ya algunos de esos daños eran irreversibles. Como tampoco sirve de mucho que el comunismo sea un ideal político tan puro y noble, o el cristianismo, cuando en nombre de estos se han hecho atrocidades. El presente funciona en base a lo que en él el pensamiento —la subjetividad social— cree verdadero. Y lo cierto es que en el imaginario cubano actual se comienza a sembrar la idea de que una queja, o la exigencia de un sabido o pretendido derecho —con cierto grado de colectividad—, puede lograr algo.
¿Pero dónde han sido las quejas?
No se ha generalizado —ni siquiera ampliado— en la población cubana el esquema de la disidencia de salir a las calles con carteles a gritar de todo. Tampoco se ha visto un resurgir caribeño del cartismo inglés, y menos un saturar el buzón de correos del Granma. El escenario nuevo para que la ciudadanía reclame en grupo es Internet, en especial las redes sociales.
Si bien es cierto que la figura de la huelga —como una forma histórica de la protesta y el reclamo colectivo— está ausente de nuestra constitución y todo el cuerpo legal que la complementa, y que la «cultura de exigir» se ha canalizado a los marcos del «tiempo y espacio establecido», donde estos quedan aislados y solo como casos particulares; pensar que ello puede todavía limitar la esencia del reclamo colectivo puede ser esquemático.
La noción de huelga que aún predomina en el imaginario popular debe su origen a momentos en que no se soñaba el desarrollo tecnológico de hoy. Y algunos no se percatan de cómo la esencia de reclamar se adapta a nuevos escenarios.
Lo importante en una protesta no es el espacio físico, sino el espacio intersubjetivo que se genera. No es el hecho de que la gente esté parada o caminando por algún lugar, sino lo que significa y representa eso: el efecto que causa al hacer sentir la inconformidad, que da una advertencia a quien ejerce el poder, y a su vez llama a otros a ser parte del reclamo.
Para lograr eso, en estos tiempos donde las relaciones sociales adquieren ciberdimensiones, es inevitable un desplazamiento hacia estas por parte de las formas de ejercer presión y de expresar desacuerdo.
Los cubanos, a veces rezagados por el gran subdesarrollo presente, ahora asumimos este nuevo escenario que conforma, produce y reproduce prácticas cosmovisivas.
Se trata de un importante salto.
Ya no hace falta el derecho a huelga —a la tradicional o anclada en el siglo pasado—; las redes dan la posibilidad de organización y de mostrar reclamos colectivos. Cada me gusta, me encanta, compartido, o simplemente la lectura, le dan vida al contenido difundido, con similar efecto social a un conjunto de personas en las calles manifestándose.
Son nuevos tiempos donde las esencias adoptan nuevas formas; por eso surgen estas nuevas formas de protestar y de hacerse notar el sentir ciudadano en Cuba.
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