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Nota rápida sobre las consecuencias

Hoy se reunirá en el Yara un grupo de opositores para una protesta. La oposición cubana tradicional obra mirando al exterior: el objetivo es la imagen ante gobiernos e instituciones fuera del país. Pero las sanciones internacionales no tumban al gobierno, solo afectan al pueblo. Apoyo el derecho a estar en contra, pero a hacerlo dignamente. Nunca es buen momento para generar más problemas.

Por Miguel Alejandro Hayes · 30 de junio de 2020 · 3 min de lectura

Publicado en La Trinchera · archivo

Política2020
MAH

Hoy martes se reunirá en el Yara un grupo de opositores para protestar, esencialmente, por lo que consideran un asesinato en el caso mediatizado en estos días, según afirman.

Para mí, esta nota solo tiene sentido si se lee en las próximas doce horas. Es por lo que no me extiendo más allá de algunas afirmaciones, cuya aprobación será más por afinidad con ideas previas que por reflexión pausada e introspección.

La convocatoria coincide con los días de la presentación ante la ONU de Ariel Ruiz Urquiola, quien acusará al gobierno cubano de que él tenga sida. Cuesta no darse cuenta de la coordinación, pero la coordinación no deslegitima nada, ni es condenable. Lo que sí deslegitima es lo que puede estar detrás.

La oposición cubana tradicional obra mirando al exterior. Por eso hay nominaciones a premios Nobel o de temas relacionados con derechos humanos a personas que en Cuba la gente ni conoce. No, no es la hegemonía de la prensa partidista, porque a los Aldeanos todo el mundo los conoce. De esos personajes luchadores contra lo que denominan el comunismo castrista, solo se sabe fuera de Cuba y en los navegadores de internet.

Sin el rasgo anterior no se pueden mirar bien los sucesos de hoy, si llegan a ser, y donde el objetivo es lograr la imagen, ante gobiernos e instituciones fuera del país, de que el gobierno cubano asesina y viola derechos humanos, etc. Digo que su objetivo es hacia fuera del país, porque si no fuera así, los hechos serían de otra manera. Lanzar un mensaje dentro de Cuba de la índole de este de hoy implica acciones de mayor riesgo, de mayor trabajo, no cuatro cosas en las redes y en los medios afines y otros abiertos. Un mensaje al pueblo cubano implica involucrar al pueblo cubano, correr el riesgo de armar un tejido movilizativo fuera de la virtualidad de las redes. Eso sería, incluso para un adversario, respetable. Si no me cree, recuerde la caminata de noviembre de 2009 por el Vedado.

Pero no se trata de eso, sino de solo mover la opinión pública internacional. Los resultados esperados son afectar los negocios, acuerdos y colaboraciones del gobierno cubano. Sin embargo, sancionarlo solo afecta al pueblo, palabra casi vacía pero que no lo es. El daño no será a ese ente abstracto en el que se ha convertido la palabra gobierno para los que disienten desde el extremo. No creo que se trate de afiliación; esto es asunto de principios, de honestidad, y quien no actúa en consecuencia no le sirve bien a su causa.

Apoyo el derecho a no estar de acuerdo, a estar en contra, pero a hacerlo dignamente. Lo de hoy no es un acto de disidencia, no es un mensaje político pensado para esos de adentro que no dicen, pero que también disienten (sean más o sean menos): es una puesta en escena para decir algo que, de resultar, solo dañaría al pueblo. No, sanciones internacionales al gobierno no tumban al gobierno; de febrero del 62 a la fecha lo demuestra. Para los de adentro, la consecuencia no puede ser otra que la polarización y el discurso de odio, porque el odio es el negocio de los extremistas; será una razón más para alimentar los fundamentalismos, y no para generar ese debate necesario de frecuencia diaria, donde nos vamos revisando críticamente como sociedad.

Vaya usted si quiere. Pero no generará solución alguna a la sociedad actual, y sí problemas, más. Creo que nunca es buen momento para generar más problemas.

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