Ensayo

Relaciones sociales de producción y relaciones de poder

Ponencia sobre el poder leído desde Marx. Las relaciones de poder pueden entenderse como una contextualización de las relaciones sociales de producción: un contenido que se les agrega. Marx no habla de poder social hasta explicar el dinero; el poder es la jerarquización que adquieren las relaciones sociales.

Por Miguel Alejandro Hayes · 26 de julio de 2018 · 9 min de lectura

Publicado en Rebelión

Marxismo y teoría2018
MAH

Ponencia presentada en la Mesa Debate «Trinchera Abierta», edición del mes de julio, realizada en MEPLA, La Habana.

A modo introductorio

El socialismo, y su respuesta al capitalismo, se planteaban romper esquemas hegemónicos de este. Por eso, una de las cuestiones que más preocupan a los revolucionarios de hoy es la del poder, sus formas, contenido y todo lo que este englobe. Dada su importancia, sería necesario entonces continuar pensándolo.

El autor por excelencia de dicha cuestión del poder es el espléndido Michel Foucault. Sin embargo, por otro lado, se cuenta con la figura de Marx, desde la cual se pueden obtener una buena cantidad de interpretaciones sobre el poder. Por lo que sería positivo también, desde este, establecer y delimitar algunos elementos para reflexionar sobre el poder.

Asumiendo las relaciones de poder y las relaciones (sociales) de producción (centro instrumental de Marx), se puede comenzar. De todo ello derivarán algunas conclusiones, en las cuales se puede enriquecer la lógica de las relaciones de poder pensándolas como una contextualización de las relaciones sociales de producción, haciendo que deban entenderse las primeras como un contenido específico que se le puede agregar a las segundas, como parte de la propia forma de crear una teoría aportándole a la otra. Todo eso puede poner cierta duda sobre si ha sido correcta la lógica en que se han enfocado ambas formas de relaciones, vinculándolas, pero no mostrando unas como generalización de la otra.

En el desenvolvimiento de la dialéctica como método pueden encontrarse los elementos necesarios para establecer dicha comparación.

El poder y la dialéctica. Acercamiento

En la obra de Marx, primero hay que entender los elementos propios y problemas de la teoría que lo ocupan. Él, como parte evolucionada de la izquierda hegeliana y de la economía política, continuaba mucho de aquellos sistemas categoriales, donde tal poder no pasó a ser un elemento central, al menos en términos de lenguaje.

Sin embargo, si se va rastreando, se puede apreciar en trabajos tempranos del Moro la aparición de tópicos como «el poder del dinero» (véanse los Manuscritos del 44). Sin embargo, en su obra cumbre El Capital ya se puede apreciar una mayor aparición de la palabra.

Ahí usa diversas expresiones, tales como poder político (en varias ocasiones), poder del Estado (en varias ocasiones), el mencionado poder del dinero (1, p. 160), el poder social de este (1, p. 161). Menciona el poder impersonal del dinero (1, p. 214), la transferencia de poder (1, p. 152), el afán del poder del capital (1, p. 795), aumento de riqueza y poder (1, p. 811), el dinero como poder de los poderes (1, p. 898) y el poder del capitalista (1, p. 294). Todo eso hace que se pueda afirmar que sí tiene cierta ponderación el tema del poder en la obra de Marx, por lo que se le presta aquí cierta atención.

Pero para poder continuar la línea del poder en Marx, la dialéctica como método no puede escapar. Dado que se entiende hoy que existen diversos tipos de dialéctica —lo cual comparto—, es oportuno aclarar que la de Marx es la continuidad de la de Hegel. Por lo que, teniendo en cuenta que El Capital es todo un homenaje a La ciencia de la lógica de Hegel, y que sin uno no se llega al otro, es de esta que se deben tomar los elementos para pensar cómo llegar a pensar el poder en Marx.

Debe saberse cómo plantea el inicio del pensar científico la dialéctica. Lo primero que se rechaza ahí es la idea del principio para pensar el mundo, tal como lo fue el agua, la mónada o el mismo poder (2, p. 87). Lo que debe ser sustituido por la idea del comienzo (2, p. 87), planteándose que hay que olvidar esa necesidad del principio, que termina por encerrar al pensamiento, proponiéndose entonces la dialéctica evitar darle un contenido —en el sentido tradicional que había hecho la filosofía— a ese comienzo.

Lo anterior es debido a que, al tomar como referencia de partida cualquier principio o elemento, este estará permeado por algún tipo de relación específica, olvidando algunas relaciones que se presentan y sesgando la búsqueda. Por otro lado está el carácter cíclico de las investigaciones, donde, al plantear una premisa, se regresa a ella nuevamente, a ese resultado, al final de la investigación; o, siendo más claro, comenzar por el agua (Zenón) conducía a pensar que todo terminaba en esta. Así, al plantearse un principio, se queda el investigador atrapado en los marcos de este principio, porque este ya está encerrado en ciertas determinaciones (relaciones). El principio del pensamiento es un principio determinado, por tanto, atrapado en esas relaciones que lo determinan.

Es por eso que la respuesta fue: «…nada hay que hacer sino considerar atentamente… dejar a un lado todas las reflexiones y todas las opiniones que se puedan tener, y solo aceptar lo que está en nuestra presencia» (2, p. 90). Es decir, comprender simplemente el principio sobre el que se sustenta la dialéctica: las relaciones. Así, la teoría se plantea comenzar de manera muy general, donde el único supuesto es saber que todo está relacionado, unido, determinado mutuamente.

Al Marx comprender y aplicar esto, asume ese concepto que se trae como punto de partida (objeto de estudio) de la economía política, que es el de relaciones (sociales) de producción. Estas son la construcción teórica que hace para crear ese comienzo que «…como comienzo del pensar, debe ser totalmente abstracto, universal, forma pura sin ningún contenido; no tendríamos así nada más que la representación de un simple comienzo como tal» (2, p. 95). Así, se arranca de ese ser determinado, que no quiere decir otra cosa que entender lo que es (existe) simplemente como conjunto de elementos que están relacionados, donde esta relación no tiene ningún contenido. De ello, lo resultante son esas relaciones intersubjetivas que establecen los hombres respecto a la naturaleza, a sí mismos y a los resultados de la actividad humana en sociedad, sin más contenido que eso.

El Capital. La dialéctica y el poder

Cuando se inicia la exposición de ese libro, se comienza partiendo de ese ser determinado, donde todo está inmerso en relaciones sociales. Para entender estas, se expone la categoría valor, en la cual se ven esas relaciones intersubjetivas a través de las cuales los hombres se reconocen a ellos y a los resultados de su actividad. Así, se explica el proceso de cambio, simplemente entendido como las relaciones «puras» de cambio, donde se da y se recibe suscrito a un contrato social —contradictorio o no—, relaciones que no poseen ningún contenido de explotación, ni de hegemonía, ni de búsqueda de excedente, simplemente que el ser determinado hombre se reproduce como ser inmerso dentro de un sistema de relaciones sociales donde se produce realidad social (recuérdese la tercera tesis sobre Feuerbach).

Luego, dando continuidad a esa dialéctica, Marx agrega un elemento clave para entender el poder: el dinero (las relaciones sociales que lo engloban). Al darle movimiento a ese conjunto de relaciones que versan sobre una totalidad que no muestra contradicciones (la sociedad), llega a que tales relaciones de reconocimiento no se mantienen iguales, y de ellas van brotando unas que monopolizan ese proceso: las relaciones dinerarias, en las cuales se inserta la mercancía. Tal dinero lo entiendo como relaciones (sociales) de producción establecidas entre los hombres, donde sobre el reconocimiento, sobre el movimiento de este, se genera un poder, el poder del dinero, que no es más que el reconocimiento (identidad) especial que adquiere este entre las demás mercancías. Le da esa condición de poder, entendido como capacidad sobre el resto, es decir, un poder pensado como la nivelación/jerarquización que adquieren las relaciones sociales. Ya estas han adquirido un contenido: el poder.

Marx no habla del poder social hasta que no explica el dinero y no adquieren tales relaciones sociales un carácter jerárquico, diferenciado. Lo que no debe confundirse, al juzgar por los contextos donde se emplea el término, es que para Marx el poder puede ser también sinónimo de capacidad, ya que, asociado también al poder del dinero, está su capacidad creadora (capacidad productiva de realidad).

Sin embargo, la lógica en que introduce el término poder debe entenderse desde las relaciones sociales y la capacidad que estas atribuyen a los elementos que adquieren valor en sociedad. Quedando que, al diferenciarse las capacidades de producir realidad de los elementos que integran la sociedad, estos adquieren una jerarquización, donde la capacidad creadora de los que quedan en postura dominante se entiende como poder.

El problema, a la hora de comprender esto, radica en no ver el contenido de las relaciones sociales de producción. Hay que recordar —como mencionaba al inicio— que estas no son más que relaciones, sin otras características ni contenido, lo cual es solo un elemento teórico, un punto de arranque de la exposición (2, p. 87). Es tan solo un momento puro, abstracto, que en cuanto su propio movimiento se suelta, y se realiza la división que conduce a identificar contrarios (por ejemplo, la compraventa), empieza a tomar una forma más cercana a la realidad y menos ideal, apareciendo así tal y como se da verdaderamente el cambio: bajo la dominación del poder del dinero.

Como va a resultar que se puede entender que el poder no surge después de, sino a la par de la sociedad (3), en la misma medida en que se va gestando la sociedad se van generando las relaciones de poder, hay que agregar que estas no brotan de las relaciones sociales como una sucesión aritmética donde una se convierte en la otra, como puede pensar algún enfoque reduccionista. Las relaciones sociales de producción son ese punto inicial del pensamiento dialéctico (tautológico, transparente, vacío) del cual se parte como fundamento para comenzar a explicar la sociedad, donde, sin duda, de seguro se llegará a la noción de poder en cuanto esas relaciones, en su propio desarrollo, adquieran un contenido en el ejercicio del teórico (tal como el poder), quedando estas como una forma particular de entender (contextualizadamente) las relaciones de producción. Tal y como ocurre con la teoría de Marx del dinero (poder social de este) o de la relación capital-trabajo, donde se ve el poder del capitalista sobre la riqueza de todo el país.

Eso puede ser un nexo teórico que cumpla la complementación entre la noción de relaciones de poder y de relaciones de producción, una como momento vacío y otra como el contenido atribuido después de establecer todo el sistema de relaciones que incluyan a los hombres y al trabajo objetivado (como la mercancía, el dinero, el capital, el salario, la ganancia). Con ello se puede ahorrar el camino de una cierta metafísica del poder que se atrape en sí misma, y darle esa continuidad que necesitaba Marx de la mano de Foucault.


Bibliografía

  1. Marx, Carlos. El Capital. México: Siglo XXI, 2002.
  2. Hegel, G. W. F. La ciencia de la lógica. Ediciones Solar, 1982.
  3. Acanda, Jorge Luis. De Marx a Foucault: poder y revolución.
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