Apunte

Todas las sociedades tienen sus reglas

Toda sociedad tiene reglas y un sistema de elementos teóricos que completan su ordenamiento. Uno de ellos es el individuo liberal: aquel que se subordina a la lógica de un tipo de propiedad privativa. La «mayoría de edad» kantiana no es más que el individuo normalizado. La crítica al liberalismo lo es a toda proyección que pretenda encarcelar las capacidades humanas.

Por Miguel Alejandro Hayes · 15 de julio de 2019 · 2 min de lectura

Publicado en La Trinchera

Filosofía2019
MAH

Todas las sociedades tienen sus reglas. Su espacio de interacción define las relaciones que en ellas se dan. En paralelo, existe un sistema de elementos teóricos y culturales que sirven para completar su ordenamiento.

Uno de ellos es el individuo liberal. No resulta tan importante una teoría acerca de él —la cual se expande y se adapta al propio desarrollo de la ciencia política y a sus diferentes lenguajes—; es más relevante la práctica social que se sostiene legal y moralmente a partir de asumir y reproducir los esquemas generadores de dicho sujeto. Este no es más que aquel que se subordina a la lógica de un tipo de propiedad privativa, y para la cual se redactan las normas cívicas correspondientes.

Para medir a este hombre de la modernidad —y que fue cuestión que ocupó el pensamiento de Kant— está el criterio de «la mayoría de edad». Con ello se diferencia el niño —y toda la subjetividad que lo acompaña— del adulto y la «madurez» que se le atribuye. Que no es otra que el adaptarse a un conjunto de normas abstractas dictadas por una moral para nada espontánea. Y es que la figura del adulto está caracterizada —sobre todo en la cultura popular— por la responsabilidad, la aceptación y resignación de las normas mencionadas. Entonces, aquel individuo liberal en su estado de adultez no es otro que el individuo normalizado. Cabría entonces preguntarse si es eso una verdadera mayoría de edad.

La crítica al liberalismo lo es a toda proyección que pretenda encarcelar las capacidades humanas como usuarias de un orden social de apropiación desigual del producto social. La adultez está marcada por una potenciación de las fuerzas creadoras poseídas desde la infancia; una maduración de las capacidades con las que se nace y se cultivan en los primeros años de vida.

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