Apunte

Un homenaje de los jóvenes a Marx

Crónica del «Cumpleaños de Marx»: un puñado de jóvenes reunidos el día de la victoria sobre el fascismo para celebrar su nacimiento. En la Cuba paquetizada donde el marxismo es casi un cadáver de manual, fue un gran debate, sin unanimidad, y curiosamente hecho por físicos y bioquímicos.

Por Miguel Alejandro Hayes · 16 de mayo de 2018 · 2 min de lectura

Publicado en La Trinchera · archivo

Marxismo y teoría2018
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Éramos pocos, es verdad. Apenas un grupo de jóvenes —que, contando los que estaban pero que no aparecen en la foto— igual era menos que aquellos locos de los siete fusiles. ¿Pero cuándo los revolucionarios hemos sido tantos? Digo eso porque reunirse el día de la victoria sobre el fascismo para celebrar el nacimiento de Marx, en una actividad nombrada «Cumpleaños de Marx», es un acto de naturaleza y destino extraordinariamente revolucionario.

En la Cuba cada vez más paquetizada (globalizada) en que vivimos, donde el marxismo es un viejo cadáver que solo existe en los obsoletos restos de los manuales de nuestros programas, no cualquiera es esencialmente marxista, y cuando digo marxista digo comunista. Por eso me sentí orgulloso de lo que pasó.

Fue un gran debate. Mi controvertida posición dentro del marxismo encontró otros jóvenes que beben de otros marxismos y que todos sentimos esa causa común que es rescatar a Marx. No recuerdo si hubo un consenso o no, pero de seguro no hubo unanimidad, lo cual es la señal de la riqueza de pensamiento ahí presente. Si bien el pie forzado había sido la obra Marx en el Soho, todo sirvió para —como siempre— esas evocaciones a toda clase de personajes como Lukács, Hegel, Acanda y hasta Giordano Bruno, para hacer ese reclamo de llevar a Marx más allá de esas consignas agitadoras que tapan a un revolucionario de un gran pensamiento teórico.

Faltaron amigos. Esos que nos acompañan habitualmente en nuestras ya acostumbradas Trincheras Abiertas, y otros que habían prometido ir. Pero, si tuviera que ser extremadamente sincero, diría que hubo un gran ausente. A pesar de mi declarada abstemia, sé que un buen trago de ron, vino o cualquier cerveza era la pizca que faltó. ¿Cómo homenajear, cómo hacer la larga tertulia de filosofía que fue, sin ese sabor, sin ese aire de taberna de cuarta donde se habla apasionadamente de burgueses y proletarios? Sin embargo, la institución que nos acogió quizá agradezca que no haya sido así, y que se haya mantenido el respeto a sus instalaciones.

Hubo algo que me llamó mucho la atención: la composición del grupo. Es irónico cómo la mayoría eran físicos, bioquímicos y mi multifacético amigo radioquímico Yassel. Las ciencias naturales y exactas, los hombres provenientes de estas, eran mayoría. ¿Será el inicio de una nueva corriente de marxismo? De ser así, espero que no devenga en marxismo analítico.

La tertulia se extendió por casi cinco horas y, al parecer, la ontología no se veía agotada. No se trata de crear círculos de intelectuales por la intelectualidad, pero sí se sabe que la transformación radical del mundo implica construir un reflejo correcto (no en el sentido de Husserl) de esta. Esa fue la forma en que consideramos mejor homenajear a Marx.

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