Una oda oculta en El Principito
Mi libro preferido, el primero que leí, esconde un mensaje político. En su recorrido por los planetas, el único habitante que agrada al principito es el farolero: el único que hace algo sin sentido aparente, pero por el bien de los demás. Antoine de Saint-Exupéry había conocido aquella nación de desempleo cero que inspiró a Keynes. Quizá por ahí venga la simpatía por ese hombre de bufanda roja que trabaja porque «esa es la consigna».
Sin miedo a parecer cursi o infantil, me atrevo a confesarlo: mi libro preferido es El Principito. Conozco la prosa del Gabo, he asomado la cabeza a la punta del iceberg de Hemingway, he leído a Mark Twain y a London; pero El Principito guarda para mí algo que ningún otro tiene: fue el primer libro que leí.
Desde entonces —hace ya casi quince años— lo leo y lo releo como si fuera la primera vez. Sé que en cada encuentro me esperan mensajes que antes pasé por alto, y descubrir ese otro libro escondido dentro del libro es, quizá, lo que más disfruto.
En una lectura reciente, de esas que uno hace por necesidad más que por gusto, algo llamó mi atención. Se lo comenté a un par de amigos y me dijeron que estaba loco.
Poco después conocí a una muchacha cuyo libro preferido era —y sigue siendo— El Principito. También a ella se lo conté. Me creyó, pero no le pareció importante: esos temas no eran los suyos. Yo, en cambio, seguía convencido de que lo que había visto importaba, y mucho.
Piensa conmigo un momento: ese libro de adultos escrito en lengua de niños esconde un mensaje político.
Recuerda el viaje del principito de planeta en planeta. De todos sus habitantes, ¿cuál fue el único que le cayó bien? El farolero. El único hombre que, aunque el principito no llegara a entenderlo del todo —porque su tarea parecía no tener sentido—, hacía lo que hacía por el bien de los demás.
Antoine de Saint-Exupéry, el autor, había conocido aquella nación poderosa de desempleo cero y analfabetismo cero, electrificada casi de la nada, la misma que inspiró a Keynes sus políticas económicas (aunque él jamás lo admitiera). Esa nación ya no existe.
Tal vez de ahí venga la simpatía del pequeño protagonista por aquel hombre de bufanda roja que enciende y apaga su farol sin descanso —no por capricho ni por provecho, sino porque «esa es la consigna».
Cómo citar
Hayes Martínez, Miguel Alejandro. «Una oda oculta en El Principito». La Trinchera, 2018. https://miguelalejandrohayes.com/ensayos/una-oda-oculta-en-el-principito