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Confundir ser cubano con ser revolucionario

Contra la idea de que solo el independentismo fue lo auténticamente cubano y revolucionario. Lo revolucionario no es un estado moral, sino lo más avanzado que se puede ser ante los problemas de cada época: nuestra historia es también historia de la lucha de clases.

Por Miguel Alejandro Hayes · 20 de febrero de 2018 · 6 min de lectura

Publicado en La Joven Cuba

Marxismo y teoría2018
MAH

Hace unos días leí un texto con algo que me llamó la atención: el hecho de considerar al independentismo como lo auténticamente cubano y revolucionario. ¿Ha sido el independentismo realmente esa única postura revolucionaria y cubana? Para ilustrar el punto que intentaré exponer, haré uso de Marx dos veces.

Primero, cuando se planteaba que Proudhon era superior a los utópicos como Feuerbach lo era a Hegel: en la línea del tiempo. (1) Con esto, sin abordar mucho la materia, queda claro que la superación en el sentido marxista no se dio entre las filosofías de estos dos pensadores. Segundo, cuando Marx habla de cómo Aristóteles no comprendía las relaciones mercantiles, y explica cómo no podía hacerlo porque el desarrollo de su época no lo permitía. (2)

Ambos recuerdos me conducen a lo que es la superación y la negación en la filosofía marxista. ¿Acaso no domina esas dos cosas quien afirmó la idea que cuestiono? La superación (dialéctica) implica tomar lo positivo de lo anterior y dar ciertas salidas a las contradicciones existentes. No es un camino de saltos a partir de polos opuestos, sino una construcción lenta y continua. Solo desde esa lógica puede juzgarse la historia y, en nuestro caso, la de Cuba.

Presiento que el historiador o escritor que utilice la falacia natural del binomio bueno o malo, positivo o negativo, está muy lejos de los recursos del marxismo y de poseer un pensamiento verdaderamente progresista: el que articula los procesos y contextos en que el hombre produce la realidad y a sí mismo.

¿Realmente podemos no incluir una serie de hechos y procesos dentro del pensamiento progresista cubano y revolucionario por no ser independentista?

Imaginemos por un momento que, como el mundo es más justo que el feudalismo y el esclavismo, condenamos con el calificativo de malos a estos estadios sociales anteriores. ¿Es esto razonable? Hay que recordar que sin la explotación humana durante esas épocas no hubieran existido las siete maravillas del mundo antiguo, y sería muy difícil el propio desarrollo humano hacia formas superiores de organización social.

¿Acaso rechazamos esas épocas y decimos que eran malas por explotar a los demás? Cada período histórico impone la estructura social y el pensamiento que sus capacidades le permiten. Eso hay que aceptarlo.

En Cuba ha sido igual. El pensamiento político revolucionario es siempre el resultado de las condiciones de vida de los hombres que lo idearon. Fue así en su tiempo con Hatuey, el padre Varela, Luz y Céspedes, cada uno adaptado a su contexto. Hay que ver qué papel jugó en cada época un pensamiento determinado y cómo va evolucionando, antes de juzgarlo.

Tuvo que existir un reformismo que fracasara (en su momento revolucionario) para que surgiera el independentismo. Varela tuvo que ir a las cortes españolas y naufragar en sus intentos, para después radicalizarse. Eso es parte de la superación de la que se hablaba.

Sin embargo, ¿no eran revolucionarios esos cubanos que después de los desastres de la Junta de Información querían reformas aún? En realidad podemos considerar que no lo eran respecto a los que se habían radicalizado y querían la lucha contra España. Pero no lo hacían por maldad, sino porque consideraban que para sus intereses no era lo mejor rebelarse contra España; esa era su postura de clase.

Lo otro que debe aclararse es que no ser revolucionario no es una ofensa. Lo revolucionario no es un estado moral, sino lo más avanzado que se puede ser respecto a los problemas de la realidad en la que se vive. Por eso, en todo caso, quedarse en un pensamiento atrasado respecto a cómo cambiar la realidad no es ser mala persona, sino tener hasta cierto punto determinada incomprensión de la realidad.

Lo mismo ocurrió en la época en que se debatía entre el independentismo (Martí) y el autonomismo (Montoro). No he podido evitar indignarme con los moralismos chatos con los que se critica el autonomismo. ¿A qué respondía cada una que hace una mejor que la otra?

Para poder ir a lo esencial de todas esas cuestiones hay que introducir nuevamente el elemento fundamental: los intereses de clase. El independentismo era la expresión, en el 95, de esa masa obrera, campesina, humilde en general. Por otro lado, el autonomismo era la expresión de ciertas burguesías que preferían el protectorado y la seguridad que podría proveer España.

¿Dejaba de ser cubano todo aquel que no se sumara a la llamada Paz del Zanjón? ¿No eran revolucionarios por pensar que era mejor seguir trabajando en aquellas nuevas industrias? ¿Qué se les puede achacar a aquellos cubanos?

Lo revolucionario no es un estado moral, sino lo más avanzado que se puede ser respecto a los problemas de la realidad en la que se vive.

Más que ser más o menos cubanos o revolucionarios, todo ha sido una lucha por intereses de clase. Decir que no se es revolucionario solo tiene sentido desde los intereses de una clase. A no ser que alguien pueda demostrar científicamente que el óptimo social para todos es el de la postura que se defiende. En ese caso (muy complicado de darse), se puede acusar a quien no se sume de no tener la suficiente comprensión de su propio bienestar (ser revolucionario).

La lucha de clases ha hecho entre nosotros que se lancen acusaciones, y cada una puede intentar usar el nombre de la nación para autovalidarse. Quien «esté fuera» no es revolucionario o, peor, no es cubano. En este sentido, validar solo una postura política como la revolucionaria y cubana porque trae lo mejor para Cuba (para cierta clase social en Cuba) implica decir que la clase que respalda esa postura política es la verdaderamente revolucionaria y cubana.

Dicho de otra forma, solo es cubana y revolucionaria la clase que toma una postura. ¿Ha sido siempre en la historia lo más conveniente para cada clase el independentismo?

¿No parece esto lo suficientemente escaso de sentido? ¿Acaso alguna clase social es más legítima y cubana que otra? ¿La clase social cuyos intereses le llevan a posturas que no son independentistas debe ser condenada? ¿Quién determina que un interés de clase es más legítimo que otro? Ya hemos cometido suficientes errores en el pasado reciente al acusar de no ser cubanos a los que no han asumido la postura más revolucionaria (en el sentido expuesto aquí). Tratemos de que eso no se extienda a la comprensión de toda nuestra historia.

No defiendo ni deslegitimo a nadie, pero hay que recordar que nuestra historia también es la historia de la lucha de clases. Y todas las clases de esa lucha son cubanas, aunque no sean revolucionarias. Y algunas fueron revolucionarias en su momento, aunque no hayan sido independentistas.


Bibliografía

  • Marx, Carlos. Sobre Proudhon. En Obras Escogidas II. Moscú: Progreso, 1973.
  • Marx, Carlos. El Capital. México: Siglo XXI, 2002.
  • política
  • historia de Cuba
  • marxismo