Artículo

¿Cuál es el bando de los economistas?

Los obreros europeos se lanzaron contra las máquinas creyéndolas causantes de sus desgracias; los economistas neoclásicos hicieron algo más dañino: quedaron tan impresionados por la industria que pasaron del modelo de distribución de Say —salario, beneficio y renta según la propiedad— a otro peor, donde reparten por «fuente» y concluyen que el capital es quien produce el beneficio. ¿A quién le conviene pensar que las utilidades las producen las máquinas?

Por Miguel Alejandro Hayes · 15 de febrero de 2018 · 3 min de lectura

Publicado en La Trinchera · archivo

Marxismo y teoría2018
MAH

La revolución industrial fue un hecho que estremeció al mundo. Con ella se consolidaría ese nuevo sistema para el hombre: el capitalismo. Sus dimensiones solo son comparables con la Revolución Neolítica. Durante casi 150 años, la creatividad en función de la industria era un boom. El fervor de esta y la producción no dejaban de impresionar a ese sujeto que comenzaba a comprender lo que eran cosas como la combustión.

Los obreros europeos (proletarios aún) llegaron a lanzarse contra las máquinas, pensando que eran estas las causantes de sus desgracias. Este hecho no fue tan relevante, teniendo en cuenta que pronto esa visión pasaría y la lucha obrera tomaría otros rumbos. Sin embargo, hubo otras formas de entender la industria que pudieron ser más dañinas para el hombre: la de los economistas.

Cuando hablo de los economistas, me refiero, y hago la distinción, no a los economistas políticos como Smith, Ricardo y sobre todo Marx. Los economistas son todos esos a partir de la llamada escuela neoclásica de economía. Ellos, pobrecitos, no pudieron escapar de la impresión de las grandes máquinas e industrias.

El modelo de distribución de Say planteaba que al trabajo, capital (dinero, máquinas, etc.) y tierra les correspondía salario, beneficio y renta (en ese mismo orden). Este modelo de distribución, a mi entender, se refería solo a un criterio de propiedad, o mejor dicho, de norma social de correspondencia con ajuste a la propiedad. Al dueño de la tierra le toca una renta, al trabajador, salario, y al dueño del capital, sin duda, le corresponde el beneficio. Este fue el enfoque de aquellos economistas políticos (clásicos), excluyendo a Marx, claro.

Desgraciadamente, la fiebre positivista pronto llegó. Desaparecieron los economistas políticos para solo quedar la primera palabra de la pareja. Como buenos positivistas, no les interesaba entender bien las cosas o que lo que dijeran tuviera mucha lógica. No había que leer mucho, sino saber calcular mucho. Así que aquel modelo de distribución fue sustituido por otro aún peor. En la nueva propuesta ya no era un criterio de propiedad lo que determinaba la distribución. La economía repartía por fuente, es decir, origen. Con esto se llegaba a una nueva conclusión: el capital es el que produce el beneficio.

¿Cómo pudo ser que se pasara de pensar que le correspondía por la propiedad a pensar que es el capital quien genera el beneficio? Estos queridos economistas, de Austria, Lausana, Inglaterra y Estados Unidos de América, no solo leían poco (insisto en que esto no es una ofensa), sino que se habían quedado traumatizados con las máquinas. Para ellos, esa gran productividad que estas generaban era lo que poseía el poder creador en la sociedad (eso decían pensar). Así, poco a poco, una pobre teoría se fue apoderando de la mente y la concepción del beneficio: la máquina es su fuente.

Quizá el lector se cuestione si mi crítica es innecesaria, porque quién sabe, a lo mejor ellos tenían razón. Sin embargo, hay algunas cosas sobre las que propongo reflexionar para cerrar el tema. ¿Cuáles son los países con mayores niveles de maquinarias e industrias? ¿A quién le conviene entonces pensar que las utilidades las producen estas? Para ellos trabajaban esos economistas, y siguen trabajando los que han continuado la misma línea.

  • economía política
  • teoría del valor
  • capitalismo
  • marxismo