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La relación del presente con el futuro no es inversa

La economía política que se respira en Cuba emplea una dicotomía en clave de temporalidad: o apostar por el presente, o por el futuro. Pero producción y consumo son momentos inseparables. Cuando se quiere construir y no se parte de la nada, no se lucha o por el presente o por el futuro, sino por ambos a la vez: su relación es directa, no inversa.

Por Miguel Alejandro Hayes · 10 de octubre de 2019 · 6 min de lectura

Publicado en La Joven Cuba

Marxismo y teoría2019
MAH

La economía política que orbita alrededor del socialismo y que se respira en Cuba emplea una dicotomía en clave de temporalidad. Con ello crea una especie de trade-off en el que la decisión se basa en: o apostar por el presente, o por el futuro; o que la dirección del país refuerce gastos en el consumo de la población, subsidiar servicios, etc., o que invierta en industrias y aquellos sectores que tradicionalmente se asocian al desarrollo. De ahí se desprenden escolásticos debates sobre por qué intervalo de la otredad del espacio (1) decidirnos para salvar para la construcción social; y de paso se crea otra antinomia socialista.

A la par, se da una apropiación colectiva inconsciente del binarismo en cuestión —mecanicista en ocasiones—. Así, casi sin percibirlo, cargamos —como pueblo— con la decisión de si «comer» en el presente y dejarle a la posteridad el desastre, o por el contrario, sacrificarnos, «pasar trabajo» y «ahorrar más» —y no hablo de electricidad, sino de austeridad— para producir, invertir y trabajar fuertemente y legar un buen futuro a las generaciones siguientes. La orientación de arriba es por esto último.

La racionalidad que está detrás de tal visión no solo tiene su dosis de error, sino que es un poderoso instrumento político para los llamados forzados a recortar el consumo personal, a la calma, a la resistencia y a robustecer la economía de plaza sitiada —la favorita de la burocracia—. A lo que habría que agregar que el simplificado esquema de consumo/producción con discursividad socialista ignora la inseparabilidad de los momentos antagónicos de una economía; es decir, que en la práctica no tiene que ser necesariamente «pan para hoy y hambre para mañana», o su inverso, entre lo que se debe elegir. Más bien, el riesgo es que «el hambre de hoy» sea posiblemente lo mismo para mañana.

Relación de producción y consumo

El llamado Marx economista luchaba en el campo de la ciencia correspondiente contra los mismos enemigos metodológicos que el maestro de la dialéctica. Uno de ellos —y no el principal— es la falta de visión sistémica en la economía. Si bien todo el mérito no recae en el Prometeo, ya que en Ricardo quedaba planteada la secuencia del ciclo de la producción hasta el consumo —incluyendo sus elementos mediadores (2)—, es en el alemán donde se logra la visión más elaborada sobre el tema.

En los modestos Grundrisse se desarrolla la relación entre producción y consumo y cómo la comprensión de este vínculo inseparable se puede extraer desde la mayor superficialidad de cualquier enfoque económico.

Así, resulta visible a la reflexión que un acto de consumo —en el sentido estricto— es de lo producido; es, por tanto, consumo productivo, y cierra el ciclo productivo. Además, que la producción es siempre el consumo de determinados insumos y consumo de la capacidad creadora directa del hombre; o lo que es lo mismo, que la producción demanda emplear fuerza de trabajo y recursos producidos por otro. De lo que deriva que declarar que se apuesta por «o producir o consumir» es ignorar la relación entre ambos —y que niega la exclusión que se le intenta atribuir—.

Por otro lado, el estado de esa relación producción-consumo siempre es resultante —en mayor o menor medida— de cómo se comportaba la dupla en la temporalidad instantánea anterior, y las anteriores; de ahí que el mañana sea resultado de la gestación de ese ciclo hoy. Una sociedad que trabaja actualmente es más empleo, más salario, más compras. Si no se van teniendo mejorías como acompañantes del esfuerzo laboral, no aparecerán de la nada el dinero y el bienestar al paso del tiempo.

Apuntarse debe que las ideas anteriores no son ni ningún plus ultra del pensamiento teórico de Marx, ni propiedad de este; pueden identificarse, claramente, por ejemplo, en los enfoques keynesianos de la economía. Por lo que valdría la pena preguntarse: ¿cómo se explica entonces el trade-off que usa el discurso político del socialismo real?

Cuba no es la excepción. El futuro desde el hoy

En la economía cubana —a pesar de sus particularidades— al igual que en todas, si se apuesta en el corto plazo por el sector de los medios de consumo (3), lo que debiera ocurrir es que estos puedan servir para generar la demanda que cerrará el ciclo económico de lo que logre ser consumido, que se estimule la producción de ciertos productos —al menos los de facturación nacional—, y estos demanden factores de producción; si por el contrario se escoge invertir más en medios de producción (4) e industrias tradicionales, igual esto puede servir de motor para crear enlaces y tejidos económicos con nuevas o viejas instalaciones productivas, que de la misma manera usarán recursos e insumos y fuerza de trabajo que, al ser pagados, terminará parte del dinero en manos de trabajadores que consumirán más.

Pero la dirección del país reproduce la falsa problemática planteada en la lógica cronológica que aquí nos ocupa, lo que deja oculto el verdadero tema, que es el que gira en torno a si las acciones emprendidas como resultantes de las decisiones que nos marcan el camino contribuyen a fomentar las conexiones internas para que puedan transmitirse y provocar efectos favorables, o no.

Se trata, para esforzarnos por una mejor nación, no de que como sociedad tengamos que escoger —como si no se tratara de la vida humana— entre la actualidad y el porvenir, sino de pensar y lograr que el lado de la economía por el que se apueste como punto de partida de las políticas económicas sirva para estimular e impulsar el resto del sistema productivo, monetario, cambiario, laboral, y se prolongue en el tiempo.

Cuando se quiere construir y no se parte de la nada (imagino que sesenta años de historia no cuentan como «nada»), no se lucha o por el presente o por el futuro, sino por ambos a la vez. El segundo no es más que la acumulación sostenida de lo que vayamos creando en el primero. No tenemos buen futuro con un presente perdido; su relación es directa, no inversa. El llamado al esfuerzo sin resultados visibles en poco tiempo es negar el papel creador del trabajo y, sobre todo, es querer tapar las deficiencias crónicas —sistémicas— de una economía incapaz de generar los eslabones mediadores del ciclo productivo y de materializar el sacrificio de la capacidad humana.

Hay que ir dejando de construir y difundir el mensaje de un supuesto antagonismo que pone a la conciencia sobre la base de la forma quimérica de separación de temporalidades. Eso no solo hace daño a futuro, también en el presente.

Notas

  1. El tiempo.
  2. Los mediadores son distribución y cambio.
  3. En la literatura económica marxista se habla del sector de los medios de consumo en la economía (Sector II): tal y como indica su nombre, es el que se dedica a producir medios de consumo.
  4. Del mismo modo, se identifica el Sector I, que es en el que se producen medios de producción, tanto para el propio sector I como los necesarios para el sector II. Esa lógica es la empleada en la teoría marxista de la reproducción del capital.
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