Si bajan los precios de Internet
En medio de la campaña #BajenLosPreciosDeInternet, ¿quién se beneficiará si bajan? Si la rebaja no llega a hacer asequible el servicio a nuevos sectores, solo avivará la desigualdad en el consumo. El alcance social de esta causa tiene un carácter clasista: quiero precios para que los que hoy no pueden, puedan; de lo contrario es solo una lucha de clase media.
Sigo teniendo problemas para conectarme. El rincón de La Habana que habito no parece ser bendecido por las deidades de una buena señal. Soy el clásico usuario que siempre se está quejando. La retórica de la cotidianidad que para decir algo hace alusión al calor, la he sustituido por un protestar por el servicio —calidad y precios— de los datos móviles. Pero intento que la pasión no me ciegue.
Sé que no soy el único en esa situación, soy uno entre millones, y hay otros tantos sin navegar desde el móvil. Consciente de que la mejor manera de ayudar a la sociedad no es hacer un llamado al tan gastado deber social, me hago el autollamado. Por eso, más allá de posiblemente ser de los favorecidos con la reducción de precios de los servicios de internet, en medio de la campaña de #BajenLosPreciosDeInternet, propongo pensar algunas aristas.
Si mañana esos precios disminuyen, ¿quién se beneficiará? Sin dudas, todos aquellos que compramos los paquetes de ETECSA. Podremos mejorar el acceso adquiriendo el doble o el triple —dependiendo de las rebajas— de lo actual; o pudiera ser que simplemente se ahorre dinero. Pero es una interrogante si aquellos que ahora mismo no poseen los ingresos para comprar el internet por datos podrán hacerlo tras bajarse los precios.
Si la reducción de estos hace que los más desfavorecidos puedan también usar el internet, el panorama tal vez sea favorable. Y solo tal vez, porque el hecho de que un servicio o bien cueste cierta cantidad de dinero no significa que todos aquellos que tengan ese monto en metálico lo demanden. Entonces, la medida pudiera resultar en que el servicio dé mayor cobertura, o no.
De no quedar los precios —luego de la rebaja— asequibles a nuevos sectores, el efecto sería o fomentar el consumo de más internet de los que ya con los precios elevados acceden a él, o que estos ahorren su dinero. Cualquiera de estas dos variantes, acompañadas de la permanencia de todos los que no puedan pagarse los datos, dejan un contexto que solo avivará la desigualdad. Esta, no caracterizada por las asimetrías de ingresos, sino en una expresión más acabada: las marcadas diferencias en el consumo de bienes y servicios. Para este caso, sin importar la variante resultante, solo se logrará aumentar las ya abiertas brechas de equidad.
Lo que pudiera ocurrir exactamente si se cumpliera el reclamo de los precios es difícil de saber. Se necesita el conocimiento sobre el comportamiento de la demanda, no de la demanda promedio a nivel social, sino de una por tramos que refleje el comportamiento de esta por estratos sociales, que luego sea traducida en funciones matemáticas respaldadas por censos y modelos teóricos culturales que ofrezcan un mapeo de hábitos de consumo. Y no parece estar presente ni ser público —también sería difícil toda esa información elaborada en tiempo presente, claro—. Pero siempre se puede apelar a la intuición o al buen sentido y tener en cuenta los posibles escenarios —entre ellos, los aquí planteados— como respuesta a la falta de información necesaria.
Resulta sabido que muchas personas quieren disfrutar de los datos móviles, pero que sus ingresos no se los permiten. Existen esos consumidores potenciales en espera de poder comprar los paquetes de datos. Señal esta —y no es muy difícil de advertir— de que las rebajas, si tienen la cuantía que permita que aquellos puedan pagar el nuevo valor, encontrarán un efecto favorable. Pero para ello se requiere que se llegue al punto de garantizar que el nuevo costo supere la barrera de los que hoy enfrentan una restricción presupuestaria.
No se debe tratar entonces de un reclamo a secas; hay muchas condiciones que ignorarlas sería torpeza. Tampoco debiera ser un debate político. Sin embargo, el alcance social de esta causa señalará —se sea consciente o no— un carácter clasista. Yo quiero precios para que los que hoy no pueden, puedan. De no ser así, prefiero esperar, porque se trata solo de una lucha de clase media. No es que esté mal, pero no nos engañemos.
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