Inventario
Enumerar lo que queda cuando se ha ido casi todo.
Contar los libros. Contar las tazas. Contar las horas que caben en un día en el que no pasa nada.
Contar los amigos que aún contestan. Contar los que ya no.
Y descubrir —al final del recuento— que lo único que no se cuenta es lo que sostiene.