Bermellón
Un poema breve sobre el color y la memoria.
Hay un rojo que no es sangre ni es cielo cayendo: es el rojo del cartel viejo donde alguien escribió una hora que ya no existe.
Ese rojo me sostiene cuando la ciudad se apaga y sólo queda —de la ciudad— la costumbre de nombrarla.
Escribo con ese rojo. No para decir nada nuevo. Para dejar constancia de que la línea aún se traza.